“Me gusta escribir en los cafés. En este sentido París es un paraíso”

Mario Vargas Llosa nació en 1936 en una ciudad peruana llamada Arequipa. Pasó su infancia en Bolivia, donde se trasladó con su familia. En 1945 volvieron a Perú. Allí Mario siguió con sus estudios de primaria y posteriormente, a los catorce años, fue enviado por su padre al colegio Militar Leoncio Prado en el cual desarrolló su vocación por la lectura y la escritura.

Vargas Llosa se siente admirado por los escritores franceses como Flaubert, Victor Hugo y Dumas: “Yo crecí soñando con París”. En 1958 gana un concurso de cuentos organizado por la revista Revue Française con su relato ‘El Desafío’ y obtiene como premio un viaje a París. Se queda enamorado de la capital francesa y se traslada definitivamente en 1960 con su mujer. Los siete años que pasa en París son decisivos en su consolidación como escritor, allí es donde escribe ‘La ciudad y los perros’ y termina ‘Conversación el la Catedral’.

Como otros muchos escritores se inspira en los restaurantes y cafés parisinos: “Me gusta escribir en los cafés. En este sentido París es un paraíso”. Frecuenta los sitios de barrios bohemios donde se juntan los escritores como La Coupole y Les Deux Magots.
‘Travesuras de la niña mala’, publicada en el año 2006, es su única novela ambientada en París en la que evoca algunos cafés y restaurantes que frecuentaba personalmente.

¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?

El príncipe de las letras castellanas, Félix Rubén García Sarmiento o Rubén Darío. Así llamaban al poeta nicaragüense que encumbró el modernismo literario en español.

Nació de un matrimonio desestructurado y fue criado por sus tíos abuelos. Se dice que le llamaban también el “poeta niño” porque desde joven estuvo vinculado a la literatura y empezó a trabajar en la Biblioteca Nacional a temprana edad, época en la que escribió sus primeros manuscritos. Azul… (1888) fue una de sus obras preponderantes, para la que su amor de juventud y futura esposa, Rosario Emelina Murillo, fue su fundamental inspiración. La publicó con tan solo 19 años de edad y enseguida captó la atención de la crítica literaria de la época.

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Primera edición de Azul… (1888).

Posteriormente se casó con Rafaela Contreras Cañas, quien murió en una operación meses después de dar a luz a su primer hijo. Viajó a Centroamérica y a España, donde se relacionó con intelectuales como Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla o Cánovas del Castillo.  En Madrid conoció a Francisca Sánchez del Pozo, una labriega analfabeta, con quien pasó el resto de su vida, alternando su residencia entre esta ciudad y París. En la capital francesa entabló gran amistad con Antonio Machado, quien incluso le dedicó un poema —cuyos versos titulan esta entrada — a su muerte: ¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?.

Y cabe hacer mención a la muerte del autor por varios motivos, en primer lugar porque regresó a su país natal para quedarse en la tierra donde nació, un amor por la patria que conecta directamente con nuestro Raucho, que también recobra la paz a su regreso al hogar. Y, por otro lado, también Darío cayó a causa de los excesos, ya que contrajo una cirrosis hepática por su alto consumo de alcohol. Su padecimiento fue largo y doloroso, y se cuenta que a su muerte le extrajeron el cerebro para descubrir el origen de su genio.

Durante su agonía le tomaron una foto que es la última imagen que se conserva de él en vida y que también resulta muy conveniente para cerrar este breve repaso a su figura que, sin embargo, nunca morirá.

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Rubén Darío momentos antes de su muerte en León (Nicaragua).

Regreso a la bohême parisina

Bienvenido al París de los años 20. Comenzamos un viaje en torno a algunas de las figuras literarias que asistieron a la ebullición de la bohemia, de la ruptura con la tradición artística, de la explosión de la cultura.

El escenario es la Ciudad de la Luz, y los protagonistas serán los escritores latinoamericanos que emigraron para dejarse envolver por el ambiente cultural de esta ciudad, atrayente para cualquier literato del momento, casi magnética. Así, muchos de ellos escribieron en este entorno las primeras líneas de sus obras cumbre, o, de alguna forma, se vieron influenciados en sus trabajos por las callejuelas parisinas, los cafés donde se reunían los artistas como Le Dome y La Coupole o las pinturas que se exhibían en cada esquina del barrio de Montmatre.

Acompáñanos en este regreso a los clásicos hispanoamericanos, tanto novelistas como poetas, mientras paseamos por las calles de París.

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Artista dibujando a una mujer en el barrio de Montmatre. Fotografía: Pixabay.