Canto a la Argentina y otros poemas

Rubén Darío pasó varios años en Argentina, donde escribió para varios periódicos: La Tribuna, La Nación, La Prensa… En un principio se instaló allí como cónsul de Colombia, aunque apenas desempeñaba el cargo por la escasez de colombianos en la ciudad y la poca relación entre ambos países.

Su vida en Buenos Aires puede recordarnos a la de Raucho cuando emigra a París o incluso a la del propio Güiraldes —quien se basó en sus vivencias para crear a este personaje— ,ya que allí se dejó llevar por los excesos, fundamentalmente el alcohol. En mayo de 1895 fallece su madre, Rosa Sarmiento, y Darío tarda un tiempo en recomponerse. Un año después publica una de sus obras más aclamadas; Prosas profanas y otros poemas (1896).

Sin embargo, no fue esto lo único que escribió en Argentina, sino que el país le produjo tal fascinación que le sirvió de inspiración para una serie de poemas:

  • ¡Argentina! ¡Argentina!
  • ¡Argentina! el cantor ha oteado
  • Argentina, el día que te vistes
  • ¡Argentina, región de la aurora!
  • ¡Argentina! Tu ser no abriga
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Canto a la Argentina y otros poemas (1867-1916), libro en el que Rubén Darío recopila sus versos dedicados a la Pampa.

Os dejamos con uno de ellos: Argentina, el día que te vistes.

Argentina, el día que te vistes
de gala, en que brillan tus calles
y no hay aspectos ni almas tristes
en alturas, pampas y valles;
el día en que desde tus fuertes,
tus cruceros y tus cuarteles
salvas lanzas, músicas viertes
entre las palmas y laureles,
visitada por los príncipes
de reinos y tierras lejanas
y mensajeros de repúblicas,
son las patrias americanas
las que más comparten tu júbilo.
Son las próximas hermanas
las que te proclaman primera
en el decoro familiar,
después de heroica y guerrera,
hospitalaria y maternal.
Argentina tiarada de ónice
y de mármol, se puede ver
cuál luce sobre tu frente
el diamante refulgente
de las alturas, Lucifer:
pues eres la aurora de América.
Magnifícase tu apoteosis,
regazo de múltiples climas,
preferida del nuevo siglo,
y en sus cláusulas y en sus rimas
te profetizan tus profetas
y te poetizan tus poetas.
Crece el tesoro año por año,
mientras prosigues las tareas
de las por Dios suspendidas
civilizaciones de antaño;
encarnas, produces, creas
cerebro para otras ideas,
útero para nuevas vidas.
Tus hijos llevarán en sí,
por su sangre, el hierro y rubí
de los cuatro puntos del globo.
Concentración de los varones
de vedas, biblias y coranes,
en el colmo de sus afanes,
en el logro de sus acciones,
tu floración de floraciones
tendrá un perfume latino.
En el primitivo crisol,
Roma influyó en tu destino,
cuando a través del español
puso su enérgico metal.
Y sus históricas llamas
animarán genios y famas
al argentino Arco Triunfal.

¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?

El príncipe de las letras castellanas, Félix Rubén García Sarmiento o Rubén Darío. Así llamaban al poeta nicaragüense que encumbró el modernismo literario en español.

Nació de un matrimonio desestructurado y fue criado por sus tíos abuelos. Se dice que le llamaban también el “poeta niño” porque desde joven estuvo vinculado a la literatura y empezó a trabajar en la Biblioteca Nacional a temprana edad, época en la que escribió sus primeros manuscritos. Azul… (1888) fue una de sus obras preponderantes, para la que su amor de juventud y futura esposa, Rosario Emelina Murillo, fue su fundamental inspiración. La publicó con tan solo 19 años de edad y enseguida captó la atención de la crítica literaria de la época.

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Primera edición de Azul… (1888).

Posteriormente se casó con Rafaela Contreras Cañas, quien murió en una operación meses después de dar a luz a su primer hijo. Viajó a Centroamérica y a España, donde se relacionó con intelectuales como Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla o Cánovas del Castillo.  En Madrid conoció a Francisca Sánchez del Pozo, una labriega analfabeta, con quien pasó el resto de su vida, alternando su residencia entre esta ciudad y París. En la capital francesa entabló gran amistad con Antonio Machado, quien incluso le dedicó un poema —cuyos versos titulan esta entrada — a su muerte: ¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?.

Y cabe hacer mención a la muerte del autor por varios motivos, en primer lugar porque regresó a su país natal para quedarse en la tierra donde nació, un amor por la patria que conecta directamente con nuestro Raucho, que también recobra la paz a su regreso al hogar. Y, por otro lado, también Darío cayó a causa de los excesos, ya que contrajo una cirrosis hepática por su alto consumo de alcohol. Su padecimiento fue largo y doloroso, y se cuenta que a su muerte le extrajeron el cerebro para descubrir el origen de su genio.

Durante su agonía le tomaron una foto que es la última imagen que se conserva de él en vida y que también resulta muy conveniente para cerrar este breve repaso a su figura que, sin embargo, nunca morirá.

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Rubén Darío momentos antes de su muerte en León (Nicaragua).