¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?

El príncipe de las letras castellanas, Félix Rubén García Sarmiento o Rubén Darío. Así llamaban al poeta nicaragüense que encumbró el modernismo literario en español.

Nació de un matrimonio desestructurado y fue criado por sus tíos abuelos. Se dice que le llamaban también el “poeta niño” porque desde joven estuvo vinculado a la literatura y empezó a trabajar en la Biblioteca Nacional a temprana edad, época en la que escribió sus primeros manuscritos. Azul… (1888) fue una de sus obras preponderantes, para la que su amor de juventud y futura esposa, Rosario Emelina Murillo, fue su fundamental inspiración. La publicó con tan solo 19 años de edad y enseguida captó la atención de la crítica literaria de la época.

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Primera edición de Azul… (1888).

Posteriormente se casó con Rafaela Contreras Cañas, quien murió en una operación meses después de dar a luz a su primer hijo. Viajó a Centroamérica y a España, donde se relacionó con intelectuales como Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla o Cánovas del Castillo.  En Madrid conoció a Francisca Sánchez del Pozo, una labriega analfabeta, con quien pasó el resto de su vida, alternando su residencia entre esta ciudad y París. En la capital francesa entabló gran amistad con Antonio Machado, quien incluso le dedicó un poema —cuyos versos titulan esta entrada — a su muerte: ¿Dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?.

Y cabe hacer mención a la muerte del autor por varios motivos, en primer lugar porque regresó a su país natal para quedarse en la tierra donde nació, un amor por la patria que conecta directamente con nuestro Raucho, que también recobra la paz a su regreso al hogar. Y, por otro lado, también Darío cayó a causa de los excesos, ya que contrajo una cirrosis hepática por su alto consumo de alcohol. Su padecimiento fue largo y doloroso, y se cuenta que a su muerte le extrajeron el cerebro para descubrir el origen de su genio.

Durante su agonía le tomaron una foto que es la última imagen que se conserva de él en vida y que también resulta muy conveniente para cerrar este breve repaso a su figura que, sin embargo, nunca morirá.

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Rubén Darío momentos antes de su muerte en León (Nicaragua).

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