La llamada de la tierra

El verdadero nombre de Atahualpa Yupanqui era Héctor Roberto Chavero. Su padre era empleado de ferrocarril y también arreglaba caballos. Como buen hijo de domador, echaba de menos en París a su caballo. Decía que tenemos un pacto de no agresión con París: ni yo le falto ni el me falta.

Las coincidencias de Atahualpa y Güiraldes no terminan con su regreso al país natal después de la muerte, Atahualpa también encontró un apoyo inestimable en la figura de su esposa, en este caso la segunda, que le ayudó a componer algunas de sus canciones más conocidas. Pero, sobre todo Atahualpa, como lo corroboran canciones como El arriero o Los ejes de mi carreta, coincidía con Güiraldes en ser una poeta del viaje, el camino y la tierra: La temática de mis asuntos es muy sencilla: el hombre y el paisaje.

Esa llamada de la tierra, con la que finaliza Raucho, nos evoca al mismo Yupanqui:

Soñé que el río me hablaba
Con voz de nieve cumbreña
Y dulce, me recordaba
Las cosas de mi querencia.

Tú que puedes, vuélvete
Me dijo el río llorando
Los cerros que tanto quieres
-me dijo-
Allá te están esperando.

Atahualpa Yupanqui – Tú que puedes, vuélvete

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